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El Negro Palacios Gómez, un monumento a la amistad sincera

EL NEGRO PALACIOS GOMEZ… UN MONUMENTO A LA AMISTAD SINCERA
Dedico a su fiel hermana Aleida Palacios Gómez.
El 4 de diciembre de 1947, en el barrio La Arenosa de Guanare nació en un humilde pero armónico hogar ÁNGEL ALFONSO PALACIOS GÓMEZ, hijo de un negro barloventeño y una llanera. Sería por eso que en sus genes predominó siempre el espíritu festivo de la raza tártara y la creencia esotérica en el desempeño de la vida. No quiero decir con esto que nuestro “Negro Palacios” fuera brujo pero sabía curar con yerbas muchas dolencias comunes, pero cuando el designio de Dios marca el destino final de un humano, no hay yerba ni medicina que valga. Esto fue lo que ocurrió en Guanarito al final de la ayer 2 de octubre de 2.020: el destino final de un poeta, de un coplero, de un trovador, de un soñador, estaba marcado.
Desde jovencito este “tejedor de sueños” mostró su inclinación por la poesía y la música llanera. Dio sus primeros pininos en este arte tras la huella de Rafael Gavidia, prueba de ello es la letra de su primer joropo “Parranda en Las Cañadas” que grabó “El Carrao de Palmarito”, relatando el bautizo de José Inés Sánchez Oraa (hijo mayor del Dr. Sánchez Peña), Más tarde, declamando poemas negroides al estilo de Ramón Sanabria como aquel de la “Reláfica del negro y el policía” y “Galerón con una negra” de Aquiles Nazoa. Recuerdo que lo vi por primera vez en 1971 sobre el entarimado del Teatro Móvil, acompañado de “Los Turpiales del Llano” de Ramón Coromoto Martínez y su arpa, recitando poesía venezolana.
Tiempo después nos lo encontramos en todos los parrandos llaneros de fiestas patronales de pueblos, aldeas y caseríos, demostrando sus dotes de copleros con Agustín Díaz, “El Negro Hinojoza, Benjamín Lorín, Esteban Díaz “La Chiva”, “Marucho” y muchos más; hasta que triunfalmente lo vimos destacarse como compositor al lado de Cheo Hernández Prisco con quien hizo buena llave cantando talento en vivo en las mejores mangas de coleo del país. Y de sus composiciones para la discografía nacional resaltan “El gabán coleador” con Armando Martínez, “La muerte de un llanerazo” (un joropo elegíaco para Antonio Alvarado Blanco, en voz de Julio Pantoja); y “La padrota del llano”, en memoria de aquella mujerona de Guanarito llamada Pastora Zabaleta, en voz de Manolo Guerrero. Las letras del Negro Palacios son contundentes en contenido. Basta escuchar sus contrapunteos con Cheo Hernández Prisco y otros jocosos con la guanariteña Nelly Pérez.
Las actuaciones artísticas de Palacios, tanto en los escenarios como en las parrandas llaneras fueron de antología, todo un anecdotario, Daba gusto verlo y escucharlo al son de los bordones mientras samureaba su gruesa humanidad como un oso entusiasta. Una vez en las fiestas de Mata Larga estaban cantando por la rima de “UCHO”, en tiempo de Guacharaca, el Negro y Agustín Díaz, verso a verso. Llevaban más de una hora pegados en el corte, hasta que Agustín propició el final de la contienda lanzándole esta copla:
Cámara negro Palacios
que en el cantar es tan ducho,
yo quiero que usted me
diga el femenino de chucho.
Y responde Palacios, mientras samureaba su cuerpo y sonriente:
No puedo decir su nombre,
pero a mí me gusta mucho
y hasta de tanto comerlo
me estoy poniendo jipucho.
Otra vez dejó unos zapatos casa de Diego Mendoza (Zapatería Madrigal) para que el zapatero folclorista caroreño se los reencauchara. Eran unos enormes zapatos como número 45, parecían unos tractores. El día que estuvieron listos, por casualidad llegué con el poeta Eugenio Molina. Al vernos llegar Diego nos pidió unos versos en una página para metérselos a uno de los zapatos. Y escribió Eugenio:
El dueño de estos zapatos
cuando niño no fue al médico…
Y completé yo:
Porque si no le receta
los zapatos ortopédicos.
Cuando palacios metió la mano y sacó el papel, al leerlo dijo: “Esto es obra de Molina y Yorman, lo conozco por las letras y el estilo, pero la música es de Diego”.
Después de la derrota de Copei en 1973, Palacios (dirigente de ese partido), buscando mejorar su situación económica, pues en Guanare había quedado sin empleo, se estableció en Quintero del estado Apure. Como no sabían nada de su color partidista, lo nombraron jefe civil de la parroquia mientras se hacía pasar por adeco. Un día sábado, sus amigos copleros Cheo Ramírez, Agustín Díaz, Loreto Azuaje, Benjamín Lorín y El Negro Hinojosa, al enterarse que era un “Chivato” en Quintero decidieron darle una sorpresa y le llegaron con ron y un cuatro y prendieron la parranda mientras Palacios freía unos chicharrones. Y comenzaron las coplas satíricas con la vaina de que si era copeyano o adeco. De ese momento recuerda Cheo Ramírez la copla con que Agustín remató el contrapunteo:
La historia e Negro Palacios
es una historia dudosa,
en Guanare es copeyano
y en Quintero es otra cosa.
Otra anécdota de sus coplas jocosas fue en tiempos de las fiestas patronales de El Baúl. La palazón del día terminó con un baile en casa de la popular matrona doña Cruz Zapata (madre del poeta Ángel Zapata). La parranda amaneció pareja hasta el día siguiente, y decidieron ponerle tema a una tanda de contrapunteo: cantarle a un mono chuco encadenado que tenía doña Cruz en un totumo, por la consonante “ERES”. En medio de aquella reyerta prendida, al cabo de media hora de coplas remató Palacios con esta jocosidad:
El mono de Cruz Zapata
es un mono de placeres,
coge quinientos maricos
y cuatrocientas mujeres.
Después de tantas hazañas y parrandas en un Fiat viejo, color blanco que él llamaba “La postrera”, contrajo matrimonio con una muchacha inteligente, profesional de Curarigua (Carora): Agdi Sosa, quien falleció hace como tres años. Una vez casado recogió fundamento y se mudó para La Capilla-Guanarito y estableció en las cercanías del pueblo un pequeño fundo llamado “La Pica-Pica”. Se hizo compadre de Faustino Galí “El Zorro”, y entre los generaron tantas historias y cuentos chistosos que necesitaría mucho tiempo para relatarlas. Además dejó un pueblo lleno de amigos, compadres, comadres y muchos ahijados. Después de enviudar no aguantó la soledad, vendió en La Capilla y estableció otro fundito cerca de Guanarito, para vivir más cercano a su casa en el barrio El Río de Guanarito.
Cuentan algunos amigos que entre Faustino y Palacios (sin saber que eran socios carnales) tenían, simultáneamente, amoríos con una gocha en La Capilla, y aquel comentario se volvió una guachafita entre los hermanos Casadiego (educadores en aquel pueblo). Una vez que se celebraba un festival navideño en el Club de Cadafe, frente de la terminal de Guanare, estaba Palacios de Jurado y Faustino de Mirón. Ninguno de los dos sabía que yo andaba por allí, entonces aproveché para jugarles una mala pasada: inventé esta copla y se la pasé al animador, el negro Pino Monagas. La copla decía así:
Faustino y Negro Palacios,
uno arrima y otro bocha,
pa mí que esos dos carajos
se están comiendo a esa gocha.
Cuando el Negro escuchó la vaina por el sonido dizque dijo: ¡Nojoda… por ahí como que está mi hermano Yorman!
En estos últimos años de su vida nuestra amistad se tornó en hermandad. Solía decirme: “Hermano, yo buscaba una madre en Guanarito para sustituir la mía que se murió y me encontré a Mama Lina”. Llegaba usualmente a mi casa materna en Guanarito, siempre con un presente para mi madre: Unpedazo de bagre, cuatro palometas o medio kilo de café; pedía la bendición, bebía guayoyo y se iba con la satisfacción espiritual de una bendición maternal.
A sus casi 74 años este poeta se sentía realizado, aunque masticando su soledad entre chicharrones y sorbos del buen guayoyo que sabía preparar. Padecía de algunos males pero se mantenía firme hasta que la malévola Peste China (invento del Eje del Mal comunista en el Foro de Sao Paula) lo contagió para que La Parca lo montara en su negro carretón hacia la Eternidad donde descansan los justos. Tristemente decía hoy su compañero y compadre Faustino Galí: “Maldito virus. Tantos amigos que tuvo El Negro Palacios y no podemos darle el último adiós en su tumba”. ¡Ah caramba, qué solos se quedan los muertos!
Mis condolencias para sus hijos: Alfonso y Juan Carlos Palacios Áñez; y para María del Valle y Félix Leonardo, para todos sus nietos, ahijados; y para las viudas clandestinas que dejó, como dejan los poetas y bohemios cuando la muerte da el toque de queda.
RÉQUIEM POR ALFONSO PALACIOS GÓMEZ
I
Se ve encapotando el cielo,
gasa de nube lo cubre.
La tarde del 2 de octubre
se torna en un negro velo.
Después de tanto desvelo,
enferma de soledad,
la negra corporeidad
de aquel recio llanerazo
hacia el vacío da un paso
rumbo hacia la oscuridad.
II
El octosílabo errante
del verso de Florentino
ve truncado su destino
en el sendero disperso.
El bardo se siente inmerso
en un camino fatal
y siente que un vendaval
en negro abismo lo anida
sin encontrar la salida…
¡Ay qué designio fatal!
III
El coplero, el payador,
el rey del contrapunteo
no conseguía el “zamureo”
típico del cantador.
La muerte era el contendor
de aquel llanero bravío.
El Negro buscaba el brío
pero no lo consiguió
hasta que inerte cayó
en la mitad del “Corrío”
IV
Adiós trovador hermano,
adiós compadre del alma.
Todo se ha quedado en calma
en la geografía del llano.
Y relinchó el potro ruano
y pitó el toro barcino
y a la vera del camino
el verso hacía resistencia,
sin música ni cadencia,
clamaba por el cantor,
recio contrapunteador,
juglar de llanera esencia.
V
Y el verso se queda en calma
y en silencio llora el llano,
adiós trovador baquiano,
adiós hermano del alma.
Triste se mece la palma
con el viento medio reacio,
la garza cruza el espacio,
y en la sabana un gabán
le dice al alcaraván…
¡Se ha ido El Negro Palacios!
VI
Triste queda Guanarito
sin el coplero poeta
de la vieja camioneta
y del saludo dulcito;
¡Su casa! …en el rinconcito
del juglar aventurero…
lloran chinchorro y sombrero
y aquellas placas de honor
donde está escrito el valor
de un auténtico llanero.
¡Hermano, compadre… vaya este postrero adiós en nombre de tus ahijados, como tú los llamabas: “Mis muchachos”… Yorman de Jesús y Andrés Eloy.
Yorman Tovar
La Colonia-Guanare, 3 de octubre de 2020.
La 1 y 25 minutos

Orlando Antonio Ruiz Rojas · 7 de octubre de 2020

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